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viernes, 19 de febrero de 2016

CONTROL DE IDEAS Y LIBERTAD DE EXPRESIÓN EN UNA CATETOCRACIA


El himno de la República Democrática Alemana se llamaba "Renaciendo entre las ruinas". Y si bien ambas Alemanias han terminado poco más o menos por renacer de las cenizas, con el alguacilazgo de mandarines de la moneda única (léase Kohl) y walkirias claustrales (ya sabemos a quién me refiero), la Oriental cayó en la más absoluta ruina moral y ética.
En 1950 se creó la Stasi (Ministerio de Seguridad del Estado), posiblemente el órgano represivo más eficaz, duro y despiadado de todos los tiempos. Un órgano que duró 40 años. El 9 de noviembre de 1989 cayó el muro de Berlín, pero la Stasi no desapareció hasta el año siguiente.
La Stasi sabía qué marca de tabaco fumaba cada ciudadano de la RDA, cuál era su comida favorita, quiénes eran sus amigos y sus enemigos, sus gustos sexuales... y todo ello porque había una red de amigos, familiares, vecinos, encargados de informar puntualmente al ministerio (los llamados IM o Colaboradores Confidenciales). Sumaban 300.000 (uno por cada cincuenta alemanes del Este); se dedicaban a pasar puntualmente, día a día, semana tras semana, informes sobre sus compañeros de trabajo, vecinos, familiares, amigos. Todos esos informes se tabulaban en la sede del ministerio.
Cada ciudadano tenía su expediente, que en caso de ser necesario, estaba a disposición de los funcionarios gubernamentales. Así, cada ciudadano fue clasificado en función de sus gustos, preferencias políticas o sexuales, culto, cultura, aficiones, etc... Incluso, cuando la policía llamaba a los ciudadanos a un interrogatorio, los sentaba en asientos sobre los cuales eran depositados unos trapos húmedos que "capturaban" el olor corporal de las personas por si era necesario utilizar a los perros para perseguirlos.
Afortunadamente esos tiempos han pasado y ahora nadie puede clasificar a nadie con tanta facilidad, si hacemos la salvedad de Internet, claro, y el rastro que dejamos en nuestras navegaciones por el ciberespacio así como esos tests simpáticos que nos proponen averiguar lúdicamente qué princesa Disney somos o qué personaje de Juego de Tronos nos corresponde. Sin duda, y como decía la zarzuela, hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad, y ya no es necesario amedrentar al ciudadano ni hacer que se sienta sometido a una dictadura para conocer absolutamente todo sobre él o ella. Llegado el caso, arribado el momento, grandes bases de datos, altotecnológicas siempre al servicio de esos depredadores disfrazados de demócratas y sus generales, harán con un "click" su trabajo para reprimirnos, exterminarnos, reclutarnos o someternos. Ya no hace falta meternos miedo para que agachemos la cabeza (la llevamos agachada a diario con el smartphone). Tampoco es preciso amenazarnos para que delatemos a nadie (sobra con facilitarnos el acceso a internet, pues nuestro egocentrismo y vanidad hará el resto). Ya no hay tarros ni estanterías kilométricas. Tampoco opinión (creemos que opinamos, pero otros ya decidieron por nosotros el punto de vista que debemos adoptar). Hemos llegado a los mundos temidos/imaginados por Huxley, Orwell, Bradbury y otros... que temían (fíjate tú) la amenaza del nazismo y el comunismo. Bueno, pues ahora resulta que no eran necesarios. Con el "panem et circenses" romano sobraba: sólo había que adaptarlo a los tiempos. Por eso debemos desconfiar de aquellos que quieren ayudar a formar gobiernos y, tras haber clamado por determinada estandartología social, ahora andan pidiendo ministerios insólitos. ¿El ministerio del tiempo, quizás? Ayayayayayyyyyyyyy
Nota: podéis visitar el museo de la Stasi en la calle de los Normandos de Berlín si tenéis ocasión. Tras sus muros hay 180 kilómetros de expedientes de ciudadanos de la antigua RDA.